martes, 22 de noviembre de 2016

Cumpliendo una promesa

Desde aquella época en la que nos comenzamos a conocer, Ludym me hizo saber que si de verdad quería volverla loca con un detalle, yo podía sorprenderla con un disco de Rammstein, algo relacionado con los Sims, chocolates, o un ramo de alcatraces blancos.
Hasta la fecha he podido darle todos esos detalles salvo por un arreglo floral de ese tipo, pues con el tiempo me dí cuenta de que era difícil hallar una floristería que manejara alcatraces, y ni se diga una que pudiera brindarme un ramo a precio accesible: ¡carajo!, aún recuerdo la frustración enorme que me llevé al no poder conseguir uno para mi pedida de matrimonio, que pudiera ir en juego con el anillo de compromiso que le mandé hacer inspirado en la misma flor...peor aún cuando para el día de nuestra boda todos los negocios de decoración nos miraban con rareza al solicitar semejante especimen exótico por encima de algo más accesible como rosas, nardos, lirios y gladiolas.

El tema lo había dejado atrás por completo hasta que un día, saliendo de una de las clínicas de la ciudad me topé con un señor que estaba sentado en la acera con un cajón lleno de flores, semillas y bulbos, todos muy coloridos y de formas llamativas. Al principio lo ví como una mera novedad y no me había detenido a hacer mayores averiguaciones con respecto al producto que vendía, sin embargo al percatarme que su puesto de venta no era tan casual, y que de hecho ya llevaba tiempo frecuentando el mismo sitio, un día me tomé mi tiempo y le pregunté sobre las flores que llevaba consigo. Grata fue mi sorpresa de darme cuenta que entre las que tenía, se encontraban también los dichosos alcatraces en colores blanco, naranja, rojo y amarillo para mi beneplácito y a $30 cada bulbo o retoño...pero con el detalle de que los blancos solamente estaban disponibles en forma de brotes ya crecidos (lo cual implicaba que debía tener cuidado extra en su transporte y cuidado). Así, hice mi inversión y compré alcatraces de todos los colores que disponía en sus distintos estados previos al florecimiento, sin tener una puta idea de cómo cuidar correctamente una flor de sombra.

A dos semanas de iniciada esta misión personal de cultivarle las flores prometidas a mi esposa, todo parece estar bien pese a que los tallos de los blancos han tenido fracturas ocasionales a razón de su propio peso (por eso ya hasta los tuve qué ferulizar), y en los últimos dos días los bulbos multicolores apenas han comenzado a echar sus brotes por encima de la tierra de la maceta de mármol, muy a pesar de la profundidad de 10 cms a la que los enterré y el clima frío que azota la región norte.

Tal vez es pronto para ser optimista, pero dedicarle una parte de mi tiempo a las flores de mi mujer me da mucha satisfacción, y quiero creer que lograré el objetivo de obsequiarle una maceta con flores de tallo firme, resistente y pétalos exuberantes para antes del tiempo de que por fin compartamos un mismo techo el resto de nuestras vidas.