Hace unos días (precisamente dos semanas) Eduardo vino a verme al pueblo donde estoy trabajando. Él ya les ha contado vagamante la situación: Realicé lo impensable al dejar la ciudad por un pueblo minero en otro estado con el fin de encontrar un ingreso más estable, pensando en los planes a futuro que tenemos y algunos proyectos personales, como comprar un auto.
En fin, esta visita de él coincidió con su cumpleaños y muy a pesar de que un pueblo en el desierto de Coahuila puede resultar bastante aburrido o que esos días me correspondió trabajar de noche, me di a la tarea de hacer algo especial por mi marido en una fecha tan simbólica.
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| Tranquilos... Es un incendio controlado. |
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| Omitan la evidente cara de sueño. |
Un pastel de chocolate, muchos detalles creativos, un gran regalo surtido de cumpleaños, un poquito de alcohol de por medio y una tarde de películas alternada por profundas siestas. Para muchos tal vez suene a un concepto aburrido, pero para Eduardo y para mi no importa lo que podamos o dejemos de hacer, mientras valoremos cada segundo de compañía mutua. Esta es la primera vez donde coincidimos para celebrar el nacimiento de alguno de los dos estando juntos. Y debo decir que fue algo perfecto...
Durante el transcurso de la semana siguiente, empezamos a aterrizar un poco en los planes que tenemos a futuro; por lo general evitamos el tema al no llegar a alguna parte o conclusiones favorables, pero logramos ponernos de acuerdo en algo: Este año entraremos en protocolo de revisión con nuestros respectivos médicos para que el próximo año, sin importar lo que pase, arranquemos con el plan de tener nuestra familia; de vivir juntos y convertirnos en padres como desde novios lo hemos anhelado.
Por lo pronto, a preparar el camino porque soñar también cuesta...
Auf wiedersehen!









